CARTAS ENTRE VELAS Y SOMBRAS

Carta a una joven Morgana
Querida yo;
Pasas tanto tiempo soñando despierta, anhelando estar en un lugar lejano y desconocido para empezar de nuevo.
Pero hoy te escribo desde este presente, desde este futuro, para decirte algo: no dediques tanto de tu valioso tiempo a perderte en los deseos del porvenir.
El anhelo y la fantasía que envuelven tus sueños te alejan de los pequeños detalles de tu vida actual, esos que un día se convertirán en tesoros… que no supiste disfrutar plenamente.
Tal vez ahora, desde tu fragilidad, te menosprecias.
Pero déjame decirte algo: no sabes lo afortunada que eres.
Tienes contigo a las personas que amas.
Tienes la libertad que tanto adoras, esa que te da alas para vivir y ver el mundo a tu manera.
Y tienes esa pasión que te define, que te guía y te impulsa a entregarlo todo sin esperar nada a cambio.
A través de ella eres tú, sin máscaras, sin adornos.
Y quienes te ven así, saben amarte: libre, intensa, auténtica.
Tienes ahora a quienes amas… y que en mi presente ya no están.
Valóralos. Ámalos. Disfrútalos.
No permitas que la falta de amor propio te arrebate la capacidad de vivir este momento con intensidad, de sentirte viva.
Te escribo desde la distancia de los años, desde una versión de ti que ya no goza de todo lo que hoy tienes.
Desde un lugar donde tu libertad ha echado raíces lejos de casa, lejos de todo lo que conoces.
Un mundo lleno de desconocidos que te enseñan cosas nuevas, sí…
pero donde la euforia de la vida ya no se siente igual.
Disfruta con todos tus sentidos lo que hoy te rodea, porque en el futuro todo esto se convertirá en recuerdos, en nostalgia… tal vez en un deseo silencioso.
Nada de lo que vendrá es malo.
Pero es distinto.
Distinto a ti, a tu mundo, a lo que hoy te hace sentir en casa.
Y en ese mundo… a veces, no te reconocerás.
Por eso, sé feliz.
Vive tu libertad con intensidad.
Porque este presente —tu presente joven—
se irá desvaneciendo con el tiempo,
y dolerá en la melancolía de tus recuerdos.
Con amor, tu yo desde la lejanía de los años.
M. C.
Carta a un juzgador
Querido juzgador;
He sabido de ti a través de tus palabras; críticas que han hecho eco y han rozado incluso mi autoestima. Palabras que me han señalado, que me llevaron a cuestionarme a mí misma: el porqué de mis acciones, lo que está bien… y lo que está mal.
A pesar del peso de tus comentarios —sobre mí, sobre mi imagen, sobre lo que otros puedan pensar— no te guardo rencor. Mis errores me pertenecen, tanto como los tuyos te pertenecen a ti. Y la carga de mis decisiones es tan íntima como la vida misma: individual, personal, intransferible.
No te debo explicaciones, como tú tampoco me las debes. Somos, al final, dos seres ajenos, habitando universos propios, llenos de matices que apenas alcanzamos a comprender.
No te juzgo por no entender la naturaleza que me habita. Tampoco te pido que lo hagas. Hay cosas que simplemente no están destinadas a ser comprendidas por todos.
Porque aunque vengamos del mismo infinito… no compartimos la misma alma, ni el mismo propósito.
Querido juzgador, elijo quedarme en la quietud de mi esencia, en la verdad de lo que soy.
Con la verdad de mi alma.
Morgana.
— ✦ —
Entre velas y sombras, hay palabras que no buscan ser leídas… sino sentidas.
‘Morgana Castillo’